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Ashwagandha: qué es, qué dice la evidencia y por qué varios países europeos la han restringido

La ashwagandha es la planta estrella de las estanterías de complementos: promete calma, menos estrés y mejor sueño. La evidencia muestra un efecto pequeño sobre ansiedad y cortisol, y a la vez varias agencias europeas han encendido señales de alarma por hígado y tiroides. Te contamos lo que se sabe, lo que no y en qué situación regulatoria está en España.

Revisión médicaEquipo médico de Clínica EvolutionPublicadoActualizado
Ashwagandha: qué es, qué dice la evidencia y por qué varios países europeos la han restringido

Respuesta breve

La ashwagandha (Withania somnifera) es una planta de la medicina ayurvédica que en España se vende como complemento alimenticio, no como medicamento. Frente a placebo reduce de forma modesta las escalas de ansiedad y estrés y el cortisol, sin mejora demostrada en la calidad de vida, y tiene una señal de daño hepático por la que Dinamarca la prohibió en complementos y el RIVM neerlandés desaconseja su uso.

Definición

Ashwagandha es el nombre popular de Withania somnifera (L.) Dunal, un arbusto de la medicina ayurvédica del que se usa sobre todo la raíz. Su actividad biológica se atribuye a los witanólidos, lactonas de estructura esteroidea con actividad farmacológica real, así que proceder de una planta no la hace inocua. «Adaptógeno», la etiqueta con la que suele venderse, no es una categoría farmacológica ni regulatoria validada por ninguna agencia del medicamento.

Puntos clave

  1. Un metaanálisis de 9 ensayos con 558 pacientes (Explore, 2024) halló frente a placebo −2,19 puntos en la escala de ansiedad de Hamilton (IC 95 %: −3,83 a −0,55) y −4,72 en la de estrés percibido PSS (IC 95 %: −8,45 a −0,99).
  2. En ese mismo metaanálisis el cortisol sérico bajó −2,58 (IC 95 %: −4,99 a −0,16), un intervalo cuyo extremo casi toca el cero; el cortisol es un marcador subrogado y bajarlo no equivale a estar menos estresado ni a adelgazar.
  3. Otro metaanálisis de 15 estudios con 873 personas (BJPsych Open, 2025) encontró reducciones en cortisol, estrés y ansiedad, pero ninguna mejora estadísticamente significativa en la calidad de vida.
  4. Dinamarca prohibió la ashwagandha en complementos en 2023 a partir de la evaluación de la DTU, Suecia declaró aplicable esa evaluación en septiembre de 2022, la ANSES francesa abrió la suya en 2021 y el RIVM neerlandés desaconseja su uso desde marzo de 2024 (Phytotherapy Research; RIVM).

Si has entrado en una herboristería, una farmacia o cualquier tienda de suplementos en los últimos años, has visto ashwagandha. Cápsulas, polvos, gomitas: casi siempre con la misma promesa en el envase o en el vídeo que te llevó hasta ella, calma, menos estrés, mejor descanso. Es una de las plantas más vendidas del momento y también una de las que más está dando que hablar a los reguladores europeos, y por motivos que no tienen nada que ver con el marketing. Aquí no vamos a decirte si tomarla o no: vamos a contarte qué es, qué han medido los ensayos, cuánto miden esos efectos de verdad y por qué en algunos países de la UE ya no se puede vender en complementos alimenticios.

Qué es exactamente la ashwagandha

Ashwagandha es el nombre popular de Withania somnifera (L.) Dunal, una planta de uso tradicional en la medicina ayurvédica de la que se emplea sobre todo la raíz. Así la describe LiverTox, la base de datos del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK/NIH), que es una de las referencias más serias que existen sobre productos vegetales y su relación con el hígado.

Su actividad biológica se atribuye principalmente a los witanólidos (withanolides), un grupo de lactonas esteroideas a las que se les han descrito efectos antiinflamatorios, neuroprotectores y citotóxicos, según la evaluación de seguridad publicada en Frontiers in Nutrition en 2025. Ese detalle importa más de lo que parece: los witanólidos son moléculas con estructura esteroidea y actividad farmacológica real. Que algo venga de una planta no lo convierte en inocuo; lo convierte, como mínimo, en algo que merece el mismo escrutinio que cualquier otra sustancia activa.

Verás la palabra adaptógeno por todas partes asociada a esta planta. Conviene saber que no es una categoría farmacológica ni regulatoria reconocida: es un término procedente de la literatura fitoterápica, no una clasificación que haya validado ninguna agencia del medicamento. Del mismo modo, la idea de que la ashwagandha regula el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal es un mecanismo propuesto, no demostrado ni validado por EMA, EFSA ni AEMPS.

Qué han medido los ensayos: ansiedad, estrés y cortisol

Aquí es donde hay datos, y conviene mirarlos con calma porque el titular y la letra pequeña dicen cosas distintas.

Un metaanálisis publicado en Explore en 2024 (PMID 39348746) reunió ensayos controlados con placebo y encontró tres señales. Primera: la ashwagandha reduce la ansiedad medida con la Hamilton Anxiety Scale, con una diferencia media de −2,19 puntos (IC 95 %: −3,83 a −0,55). Segunda: reduce el cortisol sérico, con una diferencia media de −2,58 (IC 95 %: −4,99 a −0,16), un intervalo de confianza cuyo extremo superior casi toca el cero, es decir, casi compatible con ausencia de efecto. Tercera: reduce el estrés percibido medido con la escala PSS, con una diferencia media de −4,72 puntos (IC 95 %: −8,45 a −0,99).

Las dosis empleadas en los ensayos incluidos en ese metaanálisis fueron de 125 a 600 mg al día. Es un rango relevante por lo que implica al revés: fuera de él, sencillamente no hay datos de ensayo. Cuatro de los estudios incluidos notificaron efectos adversos leves a moderados.

Un segundo metaanálisis, publicado en BJPsych Open con búsqueda hasta el 8 de septiembre de 2024, va en la misma dirección y añade el matiz más honesto de toda la literatura: encontró reducción estadísticamente significativa de cortisol, PSS y HAM-A, pero sin mejoría estadísticamente significativa en la calidad de vida de los participantes. Traducido: las escalas se movieron, la vida de la gente no de forma medible. Esa disociación entre marcador y desenlace que importa es una de las cosas que más deberían frenar el entusiasmo.

Y sobre el cortisol conviene ser especialmente claro, porque es el argumento favorito del marketing. El cortisol es un marcador subrogado: bajarlo un poco en un análisis no equivale automáticamente a estar menos estresado, ni a dormir mejor, ni a adelgazar. La cadena bajar cortisol igual a perder peso no está demostrada, y quien te la venda como si lo estuviera te está vendiendo un salto lógico, no un resultado.

Lo que no se puede afirmar (aunque el envase lo insinúe)

Esta es probablemente la parte más útil del artículo, porque es la que no aparece en ningún anuncio.

  • Sueño e insomnio: no hay ninguna cifra verificada que podamos darte sobre calidad del sueño. Si te la prometen, no está respaldada por los datos que hemos podido comprobar.
  • Testosterona, fertilidad masculina, fuerza, masa muscular o rendimiento deportivo: cero cifras verificadas. Es uno de los usos más promocionados y uno de los peor sostenidos por evidencia comprobable.
  • Cognición, memoria o concentración: tampoco hay datos verificados que podamos citar.
  • Tiroides: no solo no hay beneficio demostrado, sino que las evaluaciones de riesgo de la Food Standards Agency británica identificaron señales de toxicidad tiroidea. Decir que es buena para la tiroides es exactamente lo contrario de lo que sugieren los datos de seguridad.
  • Alegaciones de salud autorizadas: no existe ninguna para la ashwagandha en la UE. Las alegaciones de botánicos están on hold en la lista de la EFSA desde hace años, de modo que frases como reduce el estrés o equilibra el cortisol en etiqueta o publicidad no están autorizadas.

La señal de seguridad: hígado, y por qué se ha vuelto un asunto regulatorio

LiverTox mantiene una posición matizada que merece la pena reproducir tal cual: la ashwagandha se considera generalmente segura y en ensayos clínicos no se notificaron elevaciones de enzimas séricas ni hepatotoxicidad grave, pero se han descrito recientemente casos de lesión hepática clínicamente manifiesta. Las dos mitades de esa frase son verdad a la vez, y ese es justo el problema: los ensayos son cortos, con muestras limitadas y participantes seleccionados; las reacciones hepáticas idiosincrásicas son raras y aparecen cuando el producto llega a millones de personas.

Existen casos publicados y revisados por pares de lesión hepática aguda inducida por ashwagandha. En uno de ellos la causalidad se evaluó formalmente mediante RUCAM, la escala estandarizada que se usa precisamente para atribuir daño hepático a un producto concreto. En otro, la persona desarrolló ictericia tras aproximadamente un año de consumo. Son casos, no incidencia poblacional: no permiten decir cuánta gente lo sufre, pero sí que el fenómeno existe y está documentado.

Las agencias han ido tomando nota. Las evaluaciones de riesgo de la Food Standards Agency del Reino Unido encontraron asociaciones con toxicidad tiroidea, hipoglucemia y potencial toxicidad hepática, y por eso la FSA remitió el asunto al Committee on Toxicity (COT) para una evaluación más profunda.

El mapa europeo: prohibida en un país, desaconsejada en otro, en evaluación en varios

Este es el punto que más sorprende a quien compra ashwagandha con la tranquilidad de estar comprando una infusión.

  • Dinamarca prohibió el uso de ashwagandha en alimentos y complementos alimenticios en 2023, a partir de una evaluación de riesgo de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU) publicada en 2020. La conclusión danesa clave fue que no podía establecerse un límite inferior seguro de ingesta.
  • Países Bajos: el RIVM desaconseja el uso de complementos alimenticios que contengan Withania somnifera, con un argumento especialmente contundente, que los efectos potenciales son graves y pueden producirse usando el producto según el etiquetado del envase. Es decir, no hablan de abuso, hablan de uso normal. El Consejo General de Colegios Farmacéuticos de España se ha hecho eco de este aviso.
  • Suecia: en septiembre de 2022 la Agencia Sueca de Alimentos señaló que la evaluación danesa es aplicable también en Suecia.
  • Francia: la ANSES inició en 2021 una evaluación de los riesgos del uso de ashwagandha en complementos alimenticios.

El cuadro completo, recogido en la revisión regulatoria publicada en Phytotherapy Research en 2025, es el de una planta cuya evaluación europea sigue abierta y que ya ha generado decisiones restrictivas en al menos un Estado miembro.

Y en España, ¿qué situación tiene?

En España la ashwagandha se comercializa como complemento alimenticio, no como medicamento. Esa distinción no es burocrática, es la que explica casi todo. Los complementos alimenticios son alimentos: no pasan por el proceso de autorización de un medicamento, no tienen que demostrar eficacia frente a placebo para llegar al mercado y, legalmente, no se les pueden atribuir propiedades de prevención, tratamiento o curación de enfermedades. Un complemento no trata la ansiedad, y si un envase o un anuncio dice que lo hace, está incumpliendo la norma.

La AESAN gestiona las alertas de complementos alimenticios a través del sistema SCIRI y del plan nacional de control oficial, y la notificación de sospechas de reacciones adversas se canaliza vía AESAN o la autoridad sanitaria de tu comunidad autónoma. Sobre otros extremos preferimos no pronunciarnos porque no los hemos podido verificar: no afirmamos que la ashwagandha esté expresamente permitida ni expresamente prohibida en la normativa española de complementos, ni que exista o no un medicamento autorizado con Withania somnifera, ni que haya monografía europea. La redacción honesta es la que ya has leído: en España se vende como complemento alimenticio, varios países de la UE la han prohibido o desaconsejado, y la evaluación europea sigue abierta.

Un apunte sobre marcas: los nombres comerciales de extractos estandarizados que verás en los envases no están validados por ningún regulador. Son marcas de producto, no sellos de aprobación sanitaria.

Cómo encaja esto si lo que buscas es estrés, sueño o peso

Mucha gente llega a la ashwagandha no por interés botánico, sino porque duerme mal, vive con estrés sostenido o quiere perder peso y ha leído que el cortisol tiene la culpa. Merece la pena separar los problemas, porque cada uno tiene su propio camino y sus propias herramientas.

Si el sueño es el problema principal y hay ronquidos, pausas respiratorias o somnolencia diurna marcada, el diagnóstico relevante puede estar en otro sitio: aquí te explicamos qué es la apnea obstructiva del sueño y cómo se aborda, que es una causa tratable y muy infradiagnosticada de descanso malo. Y si lo que te preocupa es el peso junto con la tensión, el perímetro abdominal o el azúcar, conviene entender primero qué es el síndrome metabólico y por qué aparece y cómo se aborda la prediabetes, porque ahí sí hay criterios diagnósticos y estrategias con evidencia sólida detrás.

Y si la duda de fondo es qué funciona de verdad para perder peso más allá de los suplementos, hemos explicado en detalle qué son los fármacos GLP-1 y cómo funcionan en obesidad: son medicamentos de prescripción, con sus indicaciones, sus efectos adversos y su necesidad de supervisión médica, y precisamente por eso están en una liga distinta a la de un complemento alimenticio.

En resumen, y qué hacer si el problema de fondo es el peso

La ashwagandha tiene un efecto pequeño y medible sobre las escalas de ansiedad y estrés, un efecto sobre cortisol que roza la irrelevancia estadística, ninguna mejora demostrada en calidad de vida y una señal de seguridad hepática y tiroidea que ya ha llevado a un país europeo a prohibirla y a otros a revisarla. No es un veneno ni es la solución: es un producto con más promesa que prueba.

Si lo que te trajo hasta aquí es el peso y la sospecha de que algo metabólico está fallando, en España existe hoy la vía médica: tratamiento médico de pérdida de peso, con evaluación previa, prescripción cuando procede por un médico colegiado y seguimiento continuo, que es lo que hacemos en AiON. Puedes empezar por comprobar si eres apto en unos minutos.

Fuentes

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Preguntas frecuentes

¿Es segura la ashwagandha?

No se puede dar por segura. LiverTox, la base de datos del NIH, indica que en los ensayos no se notificaron elevaciones de enzimas hepáticas, pero recoge casos de lesión hepática clínicamente manifiesta, algunos muy raros con desenlace mortal o trasplante, sobre todo en personas con enfermedad hepática previa. El RIVM añade que los efectos pueden aparecer con la cantidad que recomienda el envase.

¿Está prohibida la ashwagandha en España?

No hay constancia de una prohibición: en España se vende como complemento alimenticio, aunque no hemos verificado una norma que la permita o la prohíba de forma expresa. Lo que sí es comprobable es que otros países de la UE la han restringido y que su evaluación europea sigue abierta. Como complemento, además, no se le pueden atribuir propiedades para prevenir o tratar ninguna enfermedad.

¿La ashwagandha ayuda a adelgazar?

No hay datos que lo sostengan. Baja algo el cortisol frente a placebo, pero la cadena «menos cortisol, menos peso» no está demostrada en ningún ensayo, y no existe ninguna alegación de salud autorizada en la UE que permita anunciarla para eso.

¿Sirve la ashwagandha para dormir mejor o para subir la testosterona?

No hay cifras verificadas que lo respalden. Sueño, insomnio, testosterona, fertilidad, fuerza, masa muscular y concentración son los usos más promocionados y los que peor sostiene la evidencia comprobable. Ninguna alegación de salud de esta planta está autorizada en la UE: las de botánicos siguen «on hold» en la EFSA.

¿Quién debería evitar la ashwagandha?

La ANSES francesa aconsejó en 2024 que no la tomen quienes tienen enfermedades de tiroides, hígado o corazón o hiperandrogenismo, las embarazadas y las mujeres que dan el pecho, quienes toman sedantes y los menores de 18 años; el RIVM la desaconseja en particular durante el embarazo. Si tomas medicación o tienes una enfermedad crónica, coméntalo antes con tu médico.